Aprendí a ser yo sin saber quién soy, a abrirme a todo, a decir que sí a todo, aprendí porqué digo que sí a todo, a hacer las cosas porque tengo ganas y el verdadero valor de las cosas, aprendí el amor y a amar con todo y cada rincón de mi alma. Y también aprendí a estar muerta. Aprendí a morir sin que lo noten los demás, a que las cosas me agarren despeinada. Aprendí el dolor, el dolor de verdad. Aprendí que cuando las cosas pasan, nos arden y queman y extripan las entrañas (pero lo más importante, salen a la luz como lo único de tu alma) recién cuando nos damos cuenta de que nos pasaron. Y puede que eso tarde tres meses en llegar. Y más también. Me di cuenta de lo que puedo ser. Puedo ser una lombriz o una no lombriz. Si soy una lombriz no soy piso. Y eso no me gustaba para nada. Entonces un día llegó la solución. Él vino y me dijo lo que me podría haber dicho en cualquier momento de todo el medio año que habíamos estado sentados juntos pero por alguna razón, ese día me apretujó las tripas. Me dijo que era especial. O mágica. O que brillaba. O algo de eso. Y ahí empezó el año. No se que día fue, tal vez junio, o julio. Pero ahí abri los ojos la nariz los poros las uñas los pelos las pestañas los pezones el ombligo los pelitos de la espalda los lunares las uñas de los pieses los juanetes las rodillas los nudillos las arrugas los puntitos negros y el alma. Abri mi alma hacia todo el mundo que yo, oh maldita ciega que no quería ver (MENTIRA SI QUERÍA PERO sabia que las cosas volvían solas, no hay que apurarlas), regrese al mundo de los vivos. Este año si hay algo que aprendí, fue a suicidarme y resucitar más llena de cómo me había ido. Y sí que traje cosas de ese despertar.
viernes, 30 de diciembre de 2011
como hacer una entrevista para leopoldo sin hacerla y salir en la página de la escuela. (retrospectiva)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario